

Pasaban los meses y la pintada sobre la puerta continuaba allí. Era algo inusual en un distrito como el de Salamanca en Madrid, donde la ausencia de expresiones grafiteras delataban el convencionalismo de un vecindario renuente a cualquier manifestación antisistema. Pero aquella pintura de una rata azul de contornos en negro permanecía en plena calle Hermosilla, muy cerca de Alcalá, quizás por la gracia que envolvía su postura desenfadada, o por los significados que el transeúnte pudiera encontrar en ella desde su propio imaginario.
Y empecé a encontrármela por otros lugares: Chueca, Antón Martín, Sol, incluso una mañana pude visualizar su tag a escasos metros de la fuente de Cibeles. Todo apuntaba a la autoría de algún artista urbano, por lo que comencé a seguirle la pista: revisaba los alrededores de cada pintada, indagaba con otros creadores y buscaba en las plataformas digitales, donde la mayoría de los escritores suelen dar a conocer sus trabajos.
Hasta que durante una PopUp de Suso33 y para mi sorpresa, tuve la oportunidad de conocerle. Esa noche quedó el contacto y la oportunidad abierta para este acercamiento que no solo ha resultado ser al universo creativo de Larrie, La Rata, sino a la otredad de un contexto urbano que merece ser escuchado, por ser contenedor de valores estéticos, sonoros y lingüísticos en constante ebullición; de procesos socioculturales a contracorriente, que influyen en la actitud de generaciones de creadores underground y los definen como ecos punzantes de su tiempo.
YOB: ¿Cuál fue el impulso que detonó el personaje de Larrie? Coméntame de su concepto, de sus por qué, lo que representa o intenta transmitir.
LV: Bueno, pues lo que detonó el personaje de Larrie fue el haber vivido una serie de aventuras en el pasado, en las cuales yo era okupa y tenía ratas de mascota. Cuando hubo algo en mi interior que me hizo cambiar de ese estilo de vida, pero a la vez, necesitaba continuar un poco todavía en contacto conmigo misma, o con una parte de toda mi esencia, que no es solo eso, pero si una parte de ella. Y mis ganas de pintar se juntaron con lo punky. Yo tenía claro que quería hacer un keko porque me gusta siempre llevar la contraria; y con toda esa mezcla nació Larrie. Todo derivó en que lo que representaría tenía que ser una rata porque yo al final también soy una rata.
YOB: ¿Cuánto tiempo hace que Larrie anda por las calles de Madrid? ¿Recuerdas la primera vez que apareció sobre los muros?, ¿dónde y cómo fue?
LV: Pues hace unos siete años que Larrie se deja ver por las calles. Antes de Larrie pintaba otras cosas, pero nunca tan en serio como con Larrie. La primera Larrie no era ni Larrie, tal como se conoce ahora. Ahí yo solo sabía que quería pintar ratas. Al principio quería intentarlo super realista, pero me salía como el culo porque yo no sabía dibujar y siempre quedaba cartoon. Hoy por hoy sé dibujar un poquito mejor, pero en esos tiempos nada de nada. Lo mío era hacer el gamberro puro y duro y manchar. Y pues bueno, curiosamente es muy punky el sitio donde nació Larrie, me refiero a su primera vez. Porque fue en una playa okupa, en la que yo estuve viviendo un tiempo en tienda de campaña cuando era punky. Aquello era parecido a una comuna hippie, pero claro no era hippie porque eran todos punkys y gente en situación de calle. Adonde llegué, porque por esos días fuimos a ver a una amiga de Madrid que estaba presa en Málaga y aprovechamos el viaje con otras amigas que iban a ir para allá, y terminamos acampando en la playa, pintando y demás…Y ahí pues, está todavía la primera Larrie. No se parece a la actual, pero es La Rata de Kloaka original. Y sin ella no estaría hoy pintando nada.


YOB: Además de Madrid, tengo entendido que Larrie ha estado por otras ciudades de España y Europa y América, incluso por espacios rurales y periféricos. Coméntame al respecto.
LV: En Madrid o en Granada, la verdad que en ambos lugares es como jugar en casa. Siempre Madrid tiene ese toque que es como una casa ambulante, ¿no?, que nunca sabes qué pasará. Abres la puerta y no sabes si ese día es tu casa o es el infierno. En Europa tengo muchos trabajos hechos. En Irlanda, en Cork sobre todo, porque tengo familia de Irlanda y voy mucho a visitarles. En Ámsterdam, porque estuve con Acuahace años y kemamos tanto que todavía quedan movidas nuestras. Y bueno, siempre intentando encontrar localizaciones lo más cerca de Madrid. Buscamos en las periferias coleccionar spots y descuelgues, siempre buscando spots. Sobre todo, es buscar spots en otros sitios cuando Madrid no te da la oportunidad de hacer gigantadas y otro tipo de cosas en otros formatos. Y en eso nos da la vida. Con el Urbex tengo muchas anécdotas graciosas, misiones que ganar y marrones. Por ejemplo, me tiré un año entero engañando a todos los youtubers famosos del urbex que hacen los vídeos de los sitios abandonados, y estábamos en un grupo privado mandándonos ubicaciones y ellos hablando de mí y del Pochos,junto aLara Urbex, que ya lo puedo decir porque me pillaron. Y bueno, estuvo gracioso eso. Me encantan los spots de sitios raros y decadentes. Es como coleccionar sitios: restaurantes abandonados, palacios, casas, hoteles, fábricas, piscinas. Siempre me llevo un recuerdo de los sitios importantes, como Playa Madrid o Club tenis San Carlos. Y eso, al final pinto donde voy. Como casi siempre estoy currando, por ahora fuera de España no pinto mucho. Pero vaya donde vaya, siempre algo cae. A veces cae en plan versión quemadora y a veces cae en versión, pues eso, “he pasado por aquí”.
YOB: Desde el punto de vista iconográfico y pictórico, el dibujo de Larrie, se sustenta en algún referente que te haya llevado a su diseño y concepción.
LV: Mi propia personalidad es un poco marginal, ¿no?, y espontánea. Es mi alter ego. Larrie soy yo y yo soy Larrie. Al final es un habitante de mi mente que existe en el mundo. Es inocente pero también tiene colmillos, ¿sabes?, y es descarada. Realmente está pintando, que es lo mismo que estoy haciendo yo. Porque Larrie en muchas situaciones es ella misma haciéndose piezas, o acompañando a piezas mías. Puede ser ella sola por ahí, disfrazada o con otros kekos de mi imaginario, o haciendo lo que le da la gana. Utilizo el estilo pictórico cartoon, porque también tiene mucho que ver con lo que a mí me gusta. A mí toda la vida me han encantado Los Simpsons y toda la animación para adultos de cualquier tipo. Para dibujar, siempre me he fijado en ese estilo. Y al final todo ha salido de una manera involuntaria pero consciente; y aunque yo quería que fuese como una rata hiperrealista, acabó siendo lo que es hoy por hoy. Algo en lo que estoy cómoda y me divierto sin altas expectativas que puedan frustrar la creatividad.
YOB: ¿Eres autodidacta o has estudiado en alguna escuela de artes y diseño? ¿Desde cuándo te interesaste por el arte y la intervención de los espacios públicos?
LV: Sí, todo lo que sé de dibujo lo he aprendido por mí misma. Es verdad que de pequeña mi madre me ponía a dibujar todas las tardes. También fui a los talleres del Museo Reina Sofía y a otras actividades creativas a las que me llevaban. Pero sí, prácticamente todo lo voy investigando por mi cuenta y a base de hacerlo, de practicarlo. Al final te van saliendo unas cosas u otras. Es un aprendizaje constante. Me hubiese gustado ir a una escuela de arte y diseño, pero al final estudié otras cosas.
Lo de intervenir espacios públicos me interesa desde pequeña, desde que conocí el graffiti por primera vez, gracias a mi primo. Todos tenemos un primo grafitero y en mi caso también. Vivía muy cerca de la tienda de Tiempo Libre, donde vendían ropa de raperos, rotus y botes. Mi primo iba allí a comprar y me regaló mi primer rotu que era una linterna. Me gustó ir con él por ahí pintando y ensuciando, básicamente. Después, más adelante, con varios amigos, lo típico: pompas guarras, muchos intentos fallidos… y con eso ya iba tirando. Ese fue realmente el inicio.


YOB: ¿Cómo convives con Larrie en tu cotidianeidad?
LV: Larrie está presente todo el rato. Para empezar, la gran mayoría de la gente me llama Larrie, no me llama por mi nombre real. De hecho, cuando alguien me saluda con mi nombre real es como… “Hostias, me conoces desde hace mucho tiempo”. Estoy todo el día dibujándola. Voy por mi barrio y veo mis propias movidas. Veo gente que se tatúa a Larrie sin que yo me lo tatúe, ni que les diga, “oye, tatúate mi movida”. Lo hacen de forma súper random y me hace mucha ilusión porque siempre digo que Larrie tiene vida propia.
Llega un punto en que ya no me hace ilusión encontrarme algo que yo he hecho, sino al keko. Realmente, donde aparece es por donde estoy yo. Pero como tiene vida propia, recibo homenajes a mi forma de verlo, a través de otras personas. Sobre todo niños que la imitan. Me pasa mucho en Granada, que me envían fotos de versiones suyas de Larrie y ya hasta para mí es una sorpresa encontrarla. Se trata de un keko con apellidos: Larrie Vandarrie. Yo solo soy Larrie, la que la pinta.
YOB: A veces Larrie aparece solo y otras en colaboraciones con otros artistas. Coméntame al respecto y cuáles de estas colaboraciones recuerdas en especial.
LV: Pues sí, a veces está sola, más bien casi siempre está sola, porque soy bastante individualista. No te creas que me gusta mucho encajarme en las piezas de otros. Y si me encajo suelo hacer otras cosas antes que poner a Larrie, porque ella es muy suya. A no ser que esté con otros kekos, como por ejemplo RBN, que es el amor platónico de Larrie. Cuando los ves juntos en pared son una monada. He tenido muchas colaboraciones, porque yo soy una persona que se lleva bien con mucha gente. Tengo la suerte de que muchos amigos pintan. Según vas pintando vas conociendo más gente que mola, con las que tienes cosas en común y te lo pasas bien. Y eso te lleva a que vas haciendo cosas con todos.
Tengo mil anécdotas, pero las colaboraciones que recuerdo con más cariño son las que hago con el Pochos, con el Okel, el Slek, el Ceone, con la Puerca, con Acua, con el Enserio o con el Buraco, porque son personas con las que comparto mucho en común. Al final, estoy abierta a colaborar con cualquier persona que comparta esta pasión y que tengamos algo en común. Antes sí que es verdad que me iba con cualquiera, pero hoy por hoy tengo más cuidado por el tema de las multas y otros problemas, habladurías y rollos raros. Pero en realidad sí, la idea creativa de compartir me gusta y estoy abierta a nuevas colaboraciones.
YOB: Cuando fuiste invitada junto a otros artistas al programa El Hormiguero de Antena 3, llevabas el rostro cubierto para no ser identificada, aunque tu camiseta delataba que Larrie estaba detrás. ¿Cómo asumes el tema del anonimato? ¿Qué tan complejo puede ser para ti?
LV: El tema del anonimato es importante por las multas realmente, sino hubiese tantas multas y tanto problema legal, a mí me daría un poco igual que se supiera que soy yo la artista detrás de eso que te gusta. El problema es que quien te quiere buscar problemas no es la gente a la que le gustas, sino la que te odia. Por eso el anonimato es importante. Que alguien descubra quién soy no es lo relevante, lo importante es qué le lleva a buscarme. Normalmente, procuro que quien lo descubra sea alguien a quien le gusta el arte en general. Ya no solo el graffiti, sino alguien que va a poder comprender la idea que tienes sobre tu trabajo.
Algo que juega a mi favor es que a la mayoría les suele gustar Larrie, les parece amigable, tanto a adultos como a niños. Al final, no tiene género, ni edad, ni raza, ni religión. Entonces, mi anonimato no es tan relevante como el de otros amigos que sí son más buscados, porque no provocamos la misma reacción en la calle.


YOB: ¿Qué implica ser mujer artista del Street art? ¿Cómo sostienes el legado que otras mujeres artistas han dejado en el medio? ¿Las artistas que ahora mismo estáis activas, suelen reunirse y trabajar juntas de vez en cuando?
LV: Bueno, en mi caso, la verdad es que para mí es igual. Me quedo igual. Quitando los babosos que siempre hay en todas partes, no solo en el graffiti, sino en mi día a día que siempre hay personas con dobles intenciones. Pero fuera de eso, ha sido igual. Yo no me dejo pisar por nadie y no lo digo solo en la pared, lo digo en general. No soy ni más ni menos que nadie. Al final estamos hablando de ir a pintar, de compartir un muro, de que tú tienes tu movida y yo la mía, y para mí eso es igual de válido. Me da igual que sea tu primer día en una pared o que lleves quince años. Yo voy a pasármelo bien, a sacar mi movida y quedarme a gusto en la pared. Mientras vengas con buenas intenciones, tanto que seas hombre como mujer, tú vas a estar a gusto y yo también.
¿El legado de otras mujeres artistas? Pues evidentemente en Madrid tenemos un buen legado. He llegado adonde estoy gracias a tener referentes tanto de mujeres como de hombres. En Madrid hay mujeres muy buenas pintando. Y no solo en Madrid, también en Granada hay ganadoras de premios internacionales. Y no solo me fijo en eso, también me gustan las quemadoras. Me da igual que no varíes tu estilo, pero si estás presente en todas partes, eso también me gusta. No tienes que ser la más innovadora para gustarme.
Y sí, me suelo reunir con otras chicas, pero no porque sean chicas, sino porque son amigas mías y compartimos pared. La relación con las generaciones anteriores de mujeres artistas siempre ha sido buena. Lo que haces es aprender de ellas, por lo menos yo. Eso de que van a ser prepotentes es un sesgo social que hay por defecto en este ambiente, pero no es cierto. En general compartes experiencias. Suelen ser más precavidas, eso sí, pero por cosas como las multas, habladurías, o rollos raros. Y eso suele venir más de chicos hacia chicas y no tanto entre chicas. Por lo menos, esa es mi sensación. Yo, por suerte, conozco un montón de chicas que pintan en Madrid y todas son un encanto. Son gente leal a sus amigos, que pintan que alucinas y que molan un montón.
YOB: En ocasiones Larrie deambula de un sitio a otro y reivindica los espacios, va a la historia de estos y la cuestiona.
LV: Es que yo soy partidaria de reflexionar. Me gustan las cosas que te hagan pensar dos veces. Entonces, sí que es verdad que una parte de mis dibujos va destinada a señalar dobles morales o a contar una mini-anécdota que tenga una reflexión dentro. Pero si no, realmente puede ser solo Larrie disfrazada en diferentes escenarios, deambulando por todos los espacios posibles. Porque a mí me gusta encontrar texturas y disfrutar de ellas. No es lo mismo pintar sobre mármol que sobre cristal, cemento o una pared de ladrillos. Por eso también te encuentras a Larrie muchas veces en sitios muy raros, o sobre soportes que van a desaparecer rápido. Lo hago con la intención de que dure, pero también me da igual si se desvanece pronto. Si en ese momento lo he decidido así y lo disfruto, pues ya está.
YOB: En otras ocasiones, Larrie salta de los muros a otros soportes con los que amplía su proceso de socialización: lienzos, camisetas impresas, murales por encargo en puertas y fachadas. ¿Cómo resulta la interacción desde estos otros soportes “legales”, por así decirles?
LV: Lo llevo bien, porque es una forma de financiación para que Larrie siga saliendo por las paredes. Y al final, si a alguien le gusta tanto como para querer hacer un intercambio y tener a Larrie en una camiseta, en un cuadro en su casa o en la fachada de su negocio, yo encantada. No hay ninguna ley escrita realmente sobre esto. Son normas no escritas de la calle, leyes antiguas que no están en ningún sitio. Y a mí esas leyes me dan igual. Entonces no me importa lo que piensen otros escritores sobre el tema. Me da igual. Ellos no me pagan la pintura y ni siquiera conozco a la mayoría de los que opinan así. Yo no hago daño a nadie en el camino, y ya está.
YOB: Coméntame sobre lo que puede resultar legal para ti, cuando se trata de realizar tu obra.
LV: A ver, legal para mí es todo aquello que te pagan. Todo lo que te financia alguien —ya sea un ayuntamiento, la vecina del cuarto o quien sea—, o todo aquello que tiene un permiso para que tú pintes ahí, sin correr ningún riesgo económico ni de responsabilidad más allá de disfrutar la pared. Eso es lo legal. Todo lo demás es ilegal. Para mí este tema es una dualidad. Obviamente nadie quiere que lo multen y todo el mundo quiere irse de rositas. Pero si no fuese ilegal, tampoco tendría esa parte de adrenalina que te engancha: pintar interviniendo espacios que la ley penaliza.
Soy una persona asalariada, como casi todo el mundo. Y si me multan, destinaría todo mi sueldo a pintar, entonces no tendría para otras cosas esenciales de la vida. Así que juego en esa dualidad. Me parece genial tanto los que no harían nunca nada legal como los que solo hacen cosas legales. A mí me da igual. Me preocupa lo que hago yo y yo vivo en esa dualidad. Por la misma razón, si fuese multimillonaria a lo mejor estaría pintando sobre aviones. Como no lo soy y estoy en mi realidad, intento que no me pillen. Y si me salen cosas legales, las hago, claro, porque es una manera de financiarme.
YOB: ¿Cómo afrontas el peligro de que te atrapen mientras pintas? ¿Tienes alguna hora que prefieras para pintar?
LV: A nadie le gusta afrontar responsabilidades y menos si vienen acompañadas de una multa económica. Que me paren los guardias me da pereza. Tener que estar haciendo el paripé de explicar por qué hago o dejo de hacer algo… eso no le gusta a nadie. Y si encima te vienen con malas actitudes, pues menos todavía.
Mi horario favorito es de noche, pasadas las once y media. De once y media a una y media, más o menos, es buena hora. Y luego por la mañana, justo antes de que salgan las personas de las discotecas… de cuatro a cinco y media, podríamos decir. Sino tengo a nadie que quiera acompañarme a pintar en ese momento, voy sola. Tengo más precaución si estoy sola, claro, porque cuatro ojos ven más que dos. Pero me da un poco igual. Prefiero ir acompañada, siempre es mejor, aunque sola también lo disfruto.
YOB: En cuanto al proceso. ¿Qué experimentas mientras pintas? ¿Sientes preferencia por alguna técnica en particular? ¿Cómo escoges los lugares y que suele llevarte a ellos?
LV: Experimento libertad. Expectación por ver cómo va a quedar lo que tenía en la cabeza o en un papel, cómo termina siendo realidad en la pared o en el sitio que he escogido. También es una incertidumbre. A veces pienso: “esta pared parece muy chupona”. Y resulta que no contaba con eso y ya no tengo tanta pintura para acabarlo. Así que lo tienes que acabar sí o sí, quede como quede; o los colores no combinan como esperabas y justo llevabas unos que hacían match con las paredes; o no tienes plástica para dar un fondo distinto… Eso me ha pasado muchas veces. Son un montón de emociones. Llegar a sitios que querías pintar, a un spot que querías conseguir y el acabar lográndolo, es algo que también mola mucho. Es una sensación muy satisfactoria. Todo el proceso, desde que lo encuentras por internet, hasta que llegas al sitio, te decides y finalmente lo pintas. Es una cadena de emociones muy buenas.
Mi técnica favorita es el spray pero no manejo solo eso. Me gusta cualquier tipo de técnica, cualquier cosa que manche. Me gusta la innovación. Escojo los lugares en función de los spots que me ofrecen. Si me gusta, voy. Si no me gusta, por muy guapo que esté aparentemente, no voy. Como puede ser la ermita, que no me gusta y no suelo ir.
YOB: ¿Futuras aventuras y proyectos de Larrie?
LV: Pues espero que mi proyecto principal sea una serie de animación de Larrie Vandarrie, que quiero hacer bajo toda costa. Pero por tiempo de vida funcional, al final me quedan pocas horas para dedicarle. Es un proceso largo, toda dibujada a mano. Ahora estoy investigando con la inteligencia artificial a ver si puedo ahorrarme un poco de trabajo en todo lo que es el proceso técnico. Y ese sería mi proyecto principal. Paralelamente, también estoy ofreciendo unos talleres gratuitos para niños en Granada. Son talleres creativos que incluyen graffiti, pero no se centran solo en esa técnica. Están funcionando muy bien. Esos son los actuales proyectos creativos que tengo en mente. Por lo demás, seguir bombardeando todo lo que se pueda —o lo que me dejen— junto a mis proyectos personales de vida.
YOB: ¿Qué consejo dieras a aquellos que quisieran iniciar un camino a través de la expresión artística en el medio urbano?
LV: Me gustaría reivindicar que cualquier persona que tenga algo en la cabeza que necesite expresar al mundo, de la forma que sea, no solo pintando, sino también bailando, escribiendo, haciendo una escultura, que lo exprese. Y que no tenga miedo al qué dirán, ni a pararse a pensar siquiera si es legal o no lo que hacen. Que no se centren solo en si es algo bonito. Puede que no lo sea y aun así sea algo capaz de hacerte pensar, o ni siquiera eso, pero simplemente que esté ahí. Me gustaría verlo materializado.
Y luego, recordarle a los demás, que para llegar a hacer cualquier cosa que te gusta no hace falta pisar ni hacer daño a nadie en el camino. Que se gana más con una buena actitud y con tu propio esfuerzo, que con la apariencia de ser un malote o algo que no eres. Que la calle significa lealtad, sobre todo, antes que la ruina. Y en mi opinión, esas son las verdaderas cosas que hay que saber para disfrutar sinceramente de esto.
Yaysis Ojeda Becerra, Investigadora y ensayista
Madrid, junio, 2025
* Imágenes del archivo de la investigadora y de la artista. Entrevista publicada en francés en el No. 27 de la Revue Trankt, junio, 2026.



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